Los Símbolo de la JMJ llegan a Soloy, sede del Encuentro Mundial de la Juventud Indígena 2019

La fuerte lluvia que acompañó la llegada de los símbolos de la JMJ a Soloy no disminuyó la alegría de los jóvenes, quienes, junto a toda la comunidad, realizaron el recorrido con la Cruz Peregrina por el pueblo.  Celebramos este momento impactante con la danza tradicional ngäbe, el jeiki, y pasamos la noche en vigilia. 

Fue una experiencia de mucha emoción que nos acerca más al EMJI 2019, cuando cientos de jóvenes indígenas del mundo se encontrarán en Soloy para esta gran celebración de fe en Cristo desde la riqueza de nuestras culturas. 

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Jóvenes indígenas del mundo se reunirán en Panamá antes de JMJ

(Por Barbara Fraser, Catholic News Service, 30 de mayo de 2018)

Más de 1,000 peregrinos jóvenes compartirán sus culturas, alegrías y luchas durante una congregación de jóvenes indígenas en un pequeño pueblo de Panamá justo antes de la Jornada Mundial de la Juventud en enero.

Es probable que a ellos se les unan miles de indígenas locales que viajarán a pie o a caballo trayendo alimentos y estableciendo campamentos en el lugar de reunión como es costumbre durante asambleas tradicionales, dijo padre Joe Fitzgerald, misionero vicentino de Filadelfia que dirige la oficina de la pastoral nacional indígena de la iglesia panameña.

“Va a ser un encuentro con el Señor a través de nuestra cultura”, dijo a Catholic News Service Emilda Santos, de 20 años de edad, quien es ngobe y una de los coordinadores del evento.

La congregación se llevará a cabo del 17 al 21 de enero en el territorio ngobe de Soloy, en la Diócesis de David en el oeste de Panamá. Padre Fitzgerald, de 48 años, ha trabajado en la parroquia misionera de Soloy desde 2007.

Los asistentes también participarán en la Jornada Mundial de la Juventud del 22 al 27 de enero en Ciudad de Panamá.

Los participantes en el evento indígena reforzarán su identidad compartiendo música y bailes tradicionales y dramatizaciones de las luchas que han enfrentado, dijo Santos.

“Con este encuentro buscamos quitar la exclusión social y también la exclusión religiosa” porque en la sociedad y hasta en la iglesia “los indígenas a menudo son marginados”, ella dijo.

Varias peregrinaciones menores durante el evento le permitirán a los jóvenes explorar y compartir su herencia indígena. Una los llevará a un cementerio tradicional y a una cueva para rituales, otra a una aldea y otra a un vivero de plantas donde prepararán 5,000 vástagos que serán sembrados más tarde cuando comience la temporada de lluvia.

Este primer encuentro internacional de jóvenes indígenas repite los temas de la Jornada Mundial de la Juventud de 2016 en Cracovia, Polonia, donde el papa Francisco instó a los jóvenes a “seguir adelante no solo valorando los recuerdos del pasado, sino también con valentía en el presente y esperanza en el futuro”.

Este también se dará un año después de una reunión del papa con indígenas amazónicos de Bolivia, Perú y Brasil durante su visita a Perú en enero de 2018 y les pidió darle a la iglesia un rostro indígena ayudándole a los obispos, a los religiosos y a los trabajadores laicos a entender sus culturas y visiones del mundo.

El logotipo del evento combina la cruz de Jesús con una penca — vivienda tradicional con techo de ramas de palma sin paredes — y cacao y maíz, plantas sagradas para muchos pueblos indígenas de México y América Central, un camaleón representando la diversidad de la creación y raíces de plantas penetrando la tierra que el papa llama “nuestra casa común”

Después que el papa anunciara que la Jornada Mundial de la Juventud se celebraría en Panamá, hogar de siete pueblos indígenas, la idea de una reunión de jóvenes indígenas antes del evento principal tomó forma durante las reuniones de los miembros de los equipos de la pastoral indígena de América Central y México, dijo el padre Fitzgerald.

El evento está abierto a los pueblos indígenas, nativos o aborígenes de cualquier parte del mundo, aunque las primeras indagaciones han provenido principalmente de las Américas y Australia.

El territorio ngobe en Soloy es la comarca indígena más grande de Panamá. El centro parroquial es fácilmente accesible por carretera para los peregrinos que viajen desde América del Norte y Central hacia el evento principal en Ciudad de Panamá, aunque a la mayoría de las aldeas de la comarca se puede llegar solamente a pie o a caballo, dijo padre Fitzgerald.

El evento se da en tiempos en que los indígenas de varias partes del mundo, incluidas las Américas, cada día enfrentan más persecución y en algunos casos ataques físicos por defender sus territorios. Además de reforzar el orgullo de la identidad de los participantes, la intención de la congregación es pedir a los jóvenes que tomen responsabilidad de ser líderes en sus comunidades y países, él dijo.

Después de la reunión en Soloy los jóvenes continuarán su peregrinación hacia Ciudad de Panamá para los eventos de la Jornada Mundial de la Juventud. Esa es la misma ruta que siguen muchos adolescentes y adultos jóvenes indígenas que salen de sus comarcas en busca de mejores oportunidades de trabajo o estudios en la ciudad.

Sin embargo, una vez que llegan allí los jóvenes indígenas enfrentan obstáculos, dijo Jeroncio Osorio, un joven de la tribu guna de 19 años que estudia administración en la Universidad Nacional de Panamá en Ciudad de Panamá.

“Es difícil trabajar cuando uno no tiene experiencia”, dijo Osorio, quien ayuda en los talleres de la pastoral indígena para jóvenes en la ciudad.

Durante la Jornada Mundial de la Juventud los jóvenes indígenas peregrinos armarán una aldea indígena en un parque de Ciudad de Panamá con música, bailes, artesanías tradicionales y presentaciones destacando sus culturas, las cuales en muchos casos se vuelven invisibles cuando ellos se mudan a la ciudad.

El encuentro también le dará a los jóvenes indígenas una oportunidad para reflexionar sobre la relación entre su fe cristiana y su religión tradicional, dijo Eidigili Valiente, hermana de Osorio de 23 años que está terminando su último año de estudios en la Universidad Nacional de Panamá.

Los talleres de la pastoral indígena en Panamá y otros países centroamericanos le han mostrado a ella paralelos entre sucesos en la Biblia, especialmente en el Antiguo Testamento, y cuentos tradicionales guna, dijo Valiente. Ambos incluyen historias de la creación de la primera pareja humana y del diluvio, ella dijo.

Valiente dijo que desde que se mudó a la ciudad cuando era adolescente ha aprendido a defenderse a sí misma y a otros jóvenes indígenas cuando personas han dudado de sus capacidades. Cuando comenzó a estudiar psicología ella era la única estudiante indígena en la clase.

Ella dijo que aunque “uno como indígena (a veces) tiene miedo”, ella se ganó el respeto de sus compañeros hablando abiertamente sobre su cultura y mostrando orgullo de su capacidad de hablar no solo español, sino también guna y algo de inglés.

Ella dijo: “Si tú no te respetas, si uno no se quiere por ser guna, por ser indígena, ¿quién lo va a hacer?”.

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In Panama, world’s indigenous young people to meet before World Youth Day

(written by Barbara Fraser for Catholic News Service, May 30, 2018)

More than 1,000 young pilgrims will share their cultures, joys and struggles at a gathering of indigenous youth in a small town in Panama just before World Youth Day in January.

They are likely to be joined by several thousand local indigenous people, who will make the journey on foot or horseback, carrying food with them and setting up camp at the gathering place as is the custom during traditional assemblies, said Father Joe Fitzgerald, a Vincentian missionary from Philadelphia who heads the Panamanian Church’s national indigenous ministry office.

“This will be an encounter with the Lord through our culture,” Emilda Santos, 20, who is Ngabe and one of the event’s coordinators, told Catholic News Service.

The gathering will take place Jan. 17-21 in the Ngabe territory of Soloy, in the Diocese of David, in western Panama. Fitzgerald, 48, has worked in the Soloy mission parish since 2007.

The participants also will take part in World Youth Day Jan. 22-27 in Panama City.

At the indigenous event, participants will reinforce their identity by sharing traditional music and dance and dramatizations of the struggles they have encountered, Santos said.

“We want to free ourselves from social exclusion and also from religious exclusion,” because in society and even in the Church, “indigenous people are often marginalized,” she said.

Mini-pilgrimages during the event will enable the young people to explore and share their indigenous heritage. One will take them to a traditional cemetery and ritual cave, another to a village, and a third to a plant nursery, where they will prepare 5,000 seedlings to be sown later, when the rainy season begins.

This first international indigenous youth encounter echoes the themes of the 2016 World Youth Day in Krakow, Poland, where Pope Francis urged young people to “press forward, not only cherishing the memory of the past, but also with courage in the present and hope for the future.”

It also will come a year after the pope met with Amazonian indigenous people from Bolivia, Peru and Brazil during his visit to Peru in January 2018 and asked them to give the Church an indigenous face by helping bishops, religious and lay workers understand their cultures and worldviews.

The logo for the event combines the cross of Jesus with a “penca,” a traditional open-sided, palm-thatched dwelling; cacao and corn, sacred plants for many indigenous peoples in Mexico and Central America; a chameleon, representing the diversity of creation; and plant roots reaching into the earth that Francis calls “our common home.”

After the pope announced that the 2019 World Youth Day would be held in Panama, home to seven native peoples, the idea of a gathering of indigenous youth before the main event took shape during meetings of members of indigenous ministry teams in Central America and Mexico, Fitzgerald said.

The event is open to indigenous, native or aboriginal peoples from any part of the world, though early inquiries have come mainly from the Americas and Australia.

The Ngabe territory of Soloy is Panama’s largest indigenous territory, or “comarca.” The parish center is easily accessible by road for pilgrims traveling from North America and Central America to the main event in Panama City, although most of the comarca’s villages are reachable only by foot or on horseback, Fitzgerald said.

The event comes at a time when indigenous people in various parts of the world, including the Americas, increasingly face harassment and sometimes physical attacks for defending their territories. Besides reinforcing the participants’ pride in their identity, the gathering is meant to encourage young people to take leadership roles in their communities and countries, he said.

After the gathering in Soloy, the young people will continue their pilgrimage to Panama City for the World Youth Day events. That is the same route taken by many indigenous teens and young adults who leave their comarcas in search of better opportunities for work or studies in the city.

Once there, however, urban indigenous youths face obstacles, said Jeroncio Osorio, 19, a young Guna man who is studying administration at the National University of Panama in Panama City.

“It’s hard to find work when you don’t have experience,” said Osorio, who helps with indigenous ministry workshops for young people in the city.

During World Youth Day the young indigenous pilgrims will set up a native village in a Panama City park, with music, dance, traditional handcrafts and presentations highlighting their cultures, which often become invisible when they move to the city.

The encounter also will give the indigenous young people a chance to reflect on the relationship between their Christian faith and their traditional religion, said Eidigili Valiente, 23, Osorio’s sister, who is in her last year of studies at the National University of Panama.

Indigenous ministry workshops in Panama and other Central American countries have shown her parallels between events in the Bible, especially the Old Testament, and traditional Guna stories, Valiente said. Both include stories of the creation of the first human couple and of a devastating flood, she said.

Since migrating to the city as a teenager, Valiente said she has learned to stand up for herself and for other indigenous young people when people questioned their abilities. When she began studying psychology, she was the only indigenous student in the class.

Although “as an indigenous person, (sometimes) you’re afraid,” she said, she won her peers’ respect by talking openly about her culture and by pride in her ability to speak not only Spanish, but also Guna and some English.

“If you don’t respect yourself, if you don’t love yourself for being Guna, for being indigenous,” she said, “who’s going to do it?”

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