TEMA 2: Desde nuestra fe y cosmovisiones, vivimos en armonía en nuestra Casa Común

Oración de inicio (maya)

Gran Creador, Tú nos formaste, Corazón del cielo,
Corazón de la Tierra:
Te damos gracias por habernos creado
Dios del Trueno, Dios de la lluvia:

Desde la salida del sol buscamos la paz en el mundo entero.
Que haya libertad, tranquilidad, salud para todos
tus hijos que viven en el Este, donde el sol se levanta.
Te pedimos también, a la puesta del sol,
hacia el Oeste, que todo sufrimiento, toda pena,
todo rencor termine, como el día termina.

Que tu luz ilumine los pensamientos,
las vidas de los que lloran, de los que sufren,
de los que están oprimidos, de los que no han oído.
Rogamos hacia el Sur,
donde el Corazón del Mar purifica toda corrupción,
enfermedad, pestilencia.
Danos fortaleza, para que nuestras voces
lleguen a tu corazón, a tus manos y a tus pies.
Nos postramos delante de Ti
con nuestras ofrendas, invocándote día y noche.
Rogamos hacia el Norte,
desde los cuatro puntos cardinales de este mundo,
confiando en que El Corazón del Viento
llevará hasta tus oídos la voz, el clamor de tus hijos.
Oh Gran Creador, Corazón del Cielo,
Corazón de la Tierra, nuestra madre:
Danos vida, mucha vida y una existencia útil,
para que nuestros pueblos encuentren
la paz en todas las naciones del mundo.

(http://annamarnau.blogspot.com/2013/03/oracion-indigena-maya.html)

 Introducción al tema

Nuestros pueblos han aprendido, a lo largo de milenio, a vivir en armonía en la casa común, respetando nuestro humilde lugar en el plan creativo de

Dios. Las amenazas a esta armonía vienen por megaproyectos como las minas, represa, petróleo, reforestación, entre otros.  Rompemos esta armonía también cuando migramos a los centros urbanos, separándonos de la tierra que nos ha cuidado y que ha dado a nuestros pueblos su identidad particular. El mundo, que ha tratado de convertir la Casa Común en

un bien del mercado, necesidad la respuesta de jóvenes comprometidos quienes, desde el Evangelio y la gran sabiduría de sus pueblos, luchan por un futuro de paz y armonía con toda la creación.

Dialogar sobre las amenazas internas y externas que vive tú pueblo en la lucha para proteger y vivir en armonía con la Madre Tierra. ¿Qué nos cuesta ver y responder frente a la destrucción ambiental?

Iluminación:  Para ayudarnos a reflexionar sobre la realidad de la destrucción ambiental y la respuesta esperanzadora de los pueblos originarios frente de tan graves amenazas, leemos algunas palabras del Papa Francisco a los pueblos indígena en Chiapas y Puerto Maldonado, de la carta encíclica Laudato Sí, y del documento preparatorio para el sínodo sobre la amazonia:

El desafío ambiental que vivimos, y sus raíces humanas, nos impactan a todos (cf. Laudato si’,14) y nos interpelan. Ya no podemos hacernos los sordos frente a una de las mayores crisis ambientales de la historia. En esto ustedes tienen mucho que ensenarnos, que enseñar a la humanidad. Sus pueblos, como han reconocido los obispos de América Latina, saben relacionarse armónicamente con la naturaleza, a la que respetan como “fuente de alimento, casa común y altar del compartir humano” (Aparecida, 472)… Sin embargo, muchas veces, de modo sistemático y estructural, vuestros pueblos han sido incomprendidos y excluidos de la sociedad. Algunos han considerado inferiores sus valores, sus culturas y sus tradiciones. Otros, mareados por el poder, el dinero y las leyes del mercado, los han despojado de sus tierras o han realizado acciones que las contaminaban. ¡Qué tristeza! Qué bien nos haría a todos hacer un examen de conciencia y aprender a decir: ¡Perdón!, perdón hermanos. El mundo de hoy, despojado por la cultura del descarte, los necesita a ustedes (Homilía del Papa Francisco en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, México, 15 de febrero de 2016). 

 Ustedes (los pueblos originarios) son memoria viva de la misión que Dios nos ha encomendado a todos: cuidar la Casa Común. La defensa de la tierra no tiene otra finalidad que no sea la defensa de la vida. Sabemos del sufrimiento que algunos de ustedes padecen por los derrames de hidrocarburos que amenazan seriamente la vida de sus familias y contaminan su medio natural. (Papa Francisco en Puerto Maldonado).

 Muchas formas altamente concentradas de explotación y degradación del medio ambiente no sólo pueden acabar con los recursos de subsistencia locales, sino también con capacidades sociales que han permitido un modo de vida que durante mucho tiempo ha otorgado identidad cultural y un sentido de la existencia y de la convivencia. La desaparición de una cultura puede ser tanto o más grave que la desaparición de una especie animal o vegetal. La imposición de un estilo hegemónico de vida ligado a un modo de producción puede ser tan dañina como la alteración de los ecosistemas. (Laudato Sí 145).

 En este sentido, es indispensable prestar especial atención a las comunidades aborígenes con sus tradiciones culturales. No son una simple minoría entre otras, sino que deben convertirse en los principales interlocutores, sobre todo a la hora de avanzar en grandes proyectos que afecten a sus espacios. Para ellos, la tierra no es un bien económico, sino don de Dios y de los antepasados que descansan en ella, un espacio sagrado con el cual necesitan interactuar para sostener su identidad y sus valores. Cuando permanecen en sus territorios, son precisamente ellos quienes mejor los cuidan. Sin embargo, en diversas partes del mundo, son objeto de presiones para que abandonen sus tierras a fin de dejarlas libres para proyectos extractivos y agropecuarios que no prestan atención a la degradación de la naturaleza y de la cultura. (Laudato Sí 146).

 Para los pueblos indígenas de la Amazonía, el “buen vivir” existe cuando están en comunión con las otras personas, con el mundo, con los seres de su entorno, y con el Creador. Los pueblos indígenas, en efecto, viven dentro de la casa que Dios mismo creó y les dio como regalo: la Tierra. Sus diversas espiritualidades y creencias, los motivan a vivir una comunión con la tierra, el agua, los árboles, los animales, con el día y la noche. Los ancianos sabios, llamados indistintamente payés, mestres, wayanga o chamanes – entre otros – promueven la armonía de las personas entre sí y con el cosmos. Todos ellos “son memoria viva de la misión que Dios nos ha encomendado a todos: cuidar la Casa Común” (Fr. PM). (Documento Preparatoria para el Sínodo sobre la Amazonia 6)

¿De qué manera nos ilumina nuestra fe y la sabiduría de nuestros pueblos para mantener la armonía con la madre tierra?

Tarea para el EMJI:

  1. Haz un resumen de 100 palabras sobre la lucha de tu pueblo en proteger la Madre Tierra y mantenerse en armonía con ella.
  2. Toma y/o busca algunas fotos e imágenes que capten esta realidad
  3. Envía el resumen y fotos a emji2019@gmail.com

¿Cómo nos comprometemos, desde nuestra fe cristiana y nuestra cultura local en proteger la casa común?

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